lunes, septiembre 11, 2006
EL CHANTAJE DE HIJOS DE PADRES SEPARADOS CON LOS ESTUDIOS
El beneficio que generalmente se consigue, en relación con los estudios, es el de la comodidad. Entendiendo por comodidad, dejar de cumplir unas obligaciones respecto al estudio por ausencia de control y autocontrol.
Es frecuente que el hijo llegue a casa y no esté la madre, que como es muy lógico tiene que trabajar y entonces como también es muy lógico no sea capaz de ponerse a realizar tareas escolares.
Es frecuente que no quiera ir con los abuelos por las tardes, pues estos podrían controlar sus tareas y es molesto.
Es frecuente que se no se comporten igual con el padre que con la madre.
Es frecuente que se juegue con la verdad respecto a las notas con los padres…
Querido alumno, lo hemos hablado muchas veces, depende de ti el dar lo que te corresponde respecto a tu capacidad intelectual y digamos que personal.
A todos, pero en especial a vosotros que os aprovecháis de la situación de hijos de padres separados os digo lo siguiente:
- Haz el propósito de decir siempre la verdad cuando te pregunten tus padres sobre los estudios, no te excuses en argumentos de película sobre lo penoso de tu situación.
- Antes de ponerte a chatear con tus amistades, piensa en que lo que más te conviene es hacer los deberes. No te pongas la tele o la play antes de hacerlos.
- No es verdad que no único que le importa a tu madre ó a tu padre sobre ti sean los estudios, pero aún si fuera así, no seas... (Iba a decir tonto/a) y te quedes toda una tarde cabreado/a con tu situación sin cuidar de tu futuro. No olvides que al que más debería preocuparte el futuro es a ti.
- Haz un último propósito, muy difícil. Pon de acuerdo a tus padres en lo que se refiere a tu educación, no seas comodón/comodona y exige que vayan juntos a recoger las notas, a ver al tutor, ha ayudarte con tus tareas aunque sean el fin de semana que vas con tu padre...
En definitiva, tienes la oportunidad de hacerte fuerte si quieres. Tu situación no es la mejor, está claro, pero tampoco te abandones sin luchar por ser el/la mejor (PON TU NOMBRE) posible sobre la tierra de tu instituto.
sábado, septiembre 09, 2006
¿POR QUÉ ESTABAIS EN SEPTIEMBRE?
Decía que algunos no tendrían que estar. Sí, lo digo por ti C., por ti N., por ti D., por ti D.. Durante el curso lo tenéis “tan fácil”. Familias en paz, sitio donde estudiar, salud, buena gente a vuestro lado… ¿por qué estabais en septiembre? Me voy a atrever a decíroslo.
- No tenéis un horario fijo de estudio.
- No aprovecháis las horas de clase.
- No apuntáis los pequeños deberes de cada día.
- Estudiáis el día ó la mañana antes del examen.
- No lleváis al día la plástica ó la tecnología.
- No tenéis una meta clara para el futuro.
- No os dejáis ayudar por vuestra familia…
Ahora sé lustras notas, todos pasáis “limpios” al próximo curso. Un solo deseo: que no tropecéis otra vez en la misma piedra.
jueves, septiembre 07, 2006
EL NUEVO CURSO Y LA TELEVISIÓN.
Pienso que estas pocas ideas pueden ser de utilidad. Algunas bien se que son costosas, pero os aseguro que familias que lo intentan ganan en tranquilidad. Es cuestión de no rendirse y esperar resultados a un mes vista.
Espero que no lean esto muchos de los alumnos que me conocen...
1. No tener la televisión en el lugar más importante de la casa, ayuda a que encenderla sea una decisión más libre.
2. Controlar el mando a distancia.
3. No tengas televisión en el cuarto de tus hijos si quieres tener auténtica vida familiar, si tienen es posible que notes que se distancian de esa vida de familia y del contacto con los demás. No es falta de confianza pero no todos los programas son convenientes.
4. Atrévete y no enciendas el televisor durante las comidas. Es un tiempo muy interesante para el diálogo. Cuesta trabajo al principio saber de qué hablar pero luego es genial.
5. Pon claros límites al tiempo para ver la televisión. Por ejemplo media hora o una hora al día, cada tanto. Expresa las normas en forma positiva. No digas: «no puedes poner la tele», sino «puedes tanto por día», o «mejor hagamos tal cosa ...».
6. Evita utilizar la TV como niñera. Que los niños participen en las tareas de la casa, como ser preparar la comida u ordenar. Que lo sientan como un juego útil. Dales la oportunidad de sentir que te ayudan.
7. Fija ciertos días de la semana como días sin tele y haz noches de concursos.
8. No utilices la televisión como instrumento de premio o castigo. Esto aumentaría aún más su poder.
9. Escucha tu música favorita o la radio en lugar de utilizar la tele como sonido de fondo.
10. No te asustes si tu hijo protesta: «estoy aburrido». El aburrimiento despierta la creatividad.
11. No permitas que la TV desplace lo importante: el diálogo, la creatividad, la lectura y la diversión.
12. Considera la posibilidad de ver mucha menos tele. Cuando te liberes, no vas a poder creer cuánto tiempo has perdido de creatividad, diversión y afectos. Pero el salto ya no tendrá retorno.
miércoles, septiembre 06, 2006
PARA MIS COMPAÑEROS DE LA ESO: DOCENCIA : ¿ARTE O CIENCIA?
1. Quisieras que tus alumnos fueran de determinada manera. Empieza tú por SER —por esforzarte en SER— así.
2. No saben nada, no obedecen, no tienen educación... Son frases que se oyen a menudo en la Sala de Profesores. Lo más adecuado sería terminarlas así: Es natural; para eso estoy yo aquí: para enseñarles mi asignatura, mis modales...
3. Una fórmula que no falla: Enfado sin control = Fracaso pedagógico.
4. Preguntas a un alumno y contesta mal. Entonces, irritado, dices: “Es intolerable; te lo he explicado mil veces”. Bueno, vamos a suponer que es verdad, que lo has explicado mil (!) veces. No te importe. Explícalo una vez más. Y no pierdas el tiempo enfadándote.
5. Cuando hagas tu plan de trabajo procura que el alumno haya de gastar en material lo menos posible.
6. Sé realista al proyectar. Ten en cuenta las limitaciones de los alumnos, del Centro, y las tuyas propias.
7. Al proponer ejercicios, ten en cuenta dos cosas: Las posibilidades que tengan los chicos de resolverlos y el tiempo que hayan de invertir.
8. Castigo colectivo, castigo contraproducente.
9. No digas nunca: “Voy a decirle al Director”. ¿Es que tú no tienes autoridad y competencia?
10. ¿Pero cómo quieres que los alumnos tengan responsabilidad a largo plazo? No les hables de Junio ni de los exámenes —por lo menos, no les hables demasiado de ello—, sino procura estimularles para que cumplan “hoy” y “ahora” su deber.
11. Si consideras desacertada alguna sugerencia o encargo de Dirección, tienes el deber de exponerlo para que se modifiquen.
12. Piensa que en el Centro hay más profesores que tú y más alumnos que los tuyos y más asignaturas que las tuyas y más problemas que los tuyos.
13. El profesor necesita tener, entre otras, dos cualidades fundamentales:
a) CAPACIDAD DE COMPRENSIÓN DEL ALUMNO
b) NERVIOS DE ACERO
14. El alumno no es un autómata: no puede “comprender” ni “obedecer” instantáneamente y a la velocidad que el profesor pretende a veces. Su tiempo de reacción es bastante irregular y, desde luego, distinto del que tiene el adulto.
15. No está de más acostumbrar a los alumnos a obedecer automáticamente en algunas cosas —si se da uno arte en ello, incluso les gusta y les divierte— p.e.: sentarse al entrar en clase o levantarse al terminar, o para salir del aula, o para preguntar...; pero, en lo demás, es conveniente que el alumno comprenda por qué se le pide aquello y cuánto le conviene hacerlo.
16. Síntomas inequívocos de que el profesor antepone su comodidad al interés por el alumno son los siguientes: el grito estentóreo, la expulsión del alumno de clase, el mandar un castigo para casa, el enviar al chico al Jefe de Estudios o al Director sin que medie una causa suficiente, etc.
17. Antes de adoptar en clase una actitud violenta conviene reflexionar. Y después, no adoptarla.
18. La mayoría de las veces será más eficaz una salida de humor —cuidando que no humille al interesado o interesados— para zanjar un problema de disciplina en que el profesor haya de intervenir, que un “sermón” en regla.
19. Los alumnos no pueden mantener la atención tensa durante mucho rato. Conviene ayudarles a relajarla tres o cuatro veces a lo largo de la clase: un chiste oportuno, algún ejemplo muy concreto que pueda divertirles, un simple desentenderse un poco de la clase para que puedan moverse y hablar algo mientras copian algo de la pizarra o repasan las notas tomadas o los ejercicios que acaban de realizar... puede ayudar mucho para aquél fin. Pero hay que saber centrar la atención en cuanto queramos.
20. Hay que extirpar de nuestras aulas, discreta pero firmemente; la “soplonería” y la mentira.
21. Los alumnos son personas. Hay que sentir por ellos un respeto profundo.
22. Si nos esforzamos por sonreír y ser amables con una visita que nos molesta, ¿por qué no hacer lo mismo con los alumnos en lugar de reaccionar ante ellos con una actitud que cuidaríamos mucho de evitar con una persona mayor? ¿No se da aquí, entre otras cosas, un abuso de autoridad?
23. Explicar una clase sin prepararla previamente, planteándose los problemas didácticos oportunos, es poner un gran porcentaje de posibilidades para que la clase sea ineficaz o contraproducente.
24. Si se piden a los alumnos los cuadernos, ejercicios; trabajos; etc. para revisarlos, hay que revisarlos efectivamente. Y demostrar a los chicos que se han revisado.
25. Si se acierta a distribuir bien el tiempo de las clases —explicación, ejercicios, diálogo, estudio, etc. — y se conserva ese orden bastante tiempo, se logrará gran eficacia con poco esfuerzo.
26. Es más eficaz decirle a alguno que se quede después de clase para hablar con nosotros y, entonces, hacerle a solas las reflexiones que creamos oportunas, que corregirle más o menos airadamente en público.
27. Hay que procurar que todos “vivan” la clase.
28. No esperes conseguir que tus alumnos hagan bien las cosas porque les hayas dicho una vez cómo han de hacerlas. Tendrás que insistir.
29. Plantéate el problema de cómo quieres que los chicos hagan su trabajo y qué tipo de material han de usar. Piénsalo detenidamente Toma una determinación. Dedica la primera clase del curso a explicárselo a tus alumnos. Vigila más de cerca los primeros días si siguen tus indicaciones. Y corrige lo que sea preciso corregir.
30. Procura aprenderte pronto los nombres de los alumnos y conoce sus caracteres, reacciones, ambiente, etc.
31. Cuida que tus alumnos se esmeren en la presentación de los trabajos que les encomiendas.
32. Si eres profesor de carácter literario, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos claridad de concepto y exactitud de expresión.
33. Si eres profesor de una asignatura de carácter científico, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos corrección ortográfica y esmero literario.
34. Cuando un alumno, en lugar de un ejercicio, te presenta un “churro” es absurdo e ineficaz que te enfades con él. A lo mejor — a lo peor— nadie le ha dicho antes cómo tenía que hacerlo.
35. El objeto de pedir a los chicos dibujos, problemas, etc. no es hacer colecciones, sino darles ocasión para aprender con más facilidad.36. No se trata de que al final del curso hayas recogido X cuadernos, mapas, etc., de cada alumno, sino d
martes, septiembre 05, 2006
IDEAS PARA GOBERNAR UNA CLASE
LA DIRECCIÓN DE UNA CLASE
La dirección consiste en la “supervisión y control sobre los alumnos con el propósito de crear y mantener una atmósfera sana y propicia a la atención y al trabajo mental intensivo, desarrollando en los alumnos hábitos fundamentales de orden, disciplina y trabajo, inculcándoles sentido de responsabilidad”
Objetivos que se pretenden:
Inmediatos:
1.- Asegurar el orden y la disciplina necesarios para poder realizar adecuadamente el trabajo del aula.
2.- Garantizar un mejor aprovechamiento del tiempo gracias al orden y disciplina.
3.- Conseguir las condiciones materiales necesarias para que la atención y el estudio sean eficaces.
Mediatos:
1.- Adquirir sentido de responsabilidad que lleven a los alumnos a cumplir sus responsabilidades.
2.- Fomentar actitudes de sociabilidad, respeto y colaboración.
3.- Inculcar el amor al trabajo.
4.- Actuar con honestidad, veracidad, lealtad y delicadeza.
Formas que se puede adoptar en la dirección de la clase:
· Forma correctiva: cuando el profesor tiene una actitud permanente de castigar las faltas cometidas, castigar mediante amenazas, expulsiones de clase, calificar con ceros. Esta forma suele ser antipedagógica.
· Forma preventiva: anticiparse a las posibles infracciones, esto supone tener prevista la casuística con el objeto de tener regulada la vida del colegio. Esta forma a veces no desarrolla el sentido de responsabilidad del alumno.
· Forma educativa: formar a los alumnos para el autogobierno y la autodisciplina consciente en su trabajo. De esta forma el profesor es educador, líder que conduce a los alumnos por la vía de la comprensión, persuasión, buenos hábitos. El orden y la disciplina se vuelven conscientes, originando responsabilidades conjuntas entre alumno y profesor.
Normas para la dirección de la clase:
· Desarrollar la clase con seguridad y firmeza.
· Tratar a los alumnos con respeto, consideración y amistad.
· Resolver las dudas en el menor tiempo posible.
· Criticar o amonestar a algún alumno, cuando sea necesario, siempre en privado.
· Aceptar indicaciones de los alumnos cuando sean razonables, o discutirlas en caso de ser improcedente.
· Aclarar y repetir varias veces lo que se desea de los alumnos.
· Evitar las ironías con los alumnos.
· Dar instrucciones precisas y explícitas sobre lo que se desea que el alumno ejecute en clase.
· Establecer un criterio de trabajo en clase: recogida de deberes, corrección de los mismos, orden a seguir en las actividades a realizar.
· Tener siempre ocupados a los alumnos. El profesor debe desde el principio trabajar con todos los alumnos, ocupando la atención de todos dándoles tareas definidas e inmediatas. Después atender a los problemas individuales. Fomentar la participación activa de la clase en la corrección de los deberes en la pizarra y no de unos cuantos aislados.
El profesor debe evitar:
· Demorar el comienzo o terminación de la clase.
· Descontrolase delante de los alumnos.
· Atrasar la devolución de deberes o la indicación de las calificaciones.
· Actuar con precipitación.
· Abordar, delante de todos, asuntos privados con algún alumno.
· Criticar el trabajo de otros profesores.
Del libro “Técnicas y recursos para el desarrollo de las clases”
Capítulo VII - Autor: José Bernardo Carrasco – Edit. Rialp
lunes, septiembre 04, 2006
DISCIPLINA EN LOS COLEGIOS
En educación, la línea de trabajo más fecunda y fructífera equidista de estos dos extremos: el despotismo del profesor o la anarquía de los alumnos. Tanto la arbitrariedad y la prepotencia como la insubordinación y la anarquía son perjudiciales para la auténtica educación.
Toda organización social, para sobrevivir y para progresar, necesita un adecuado régimen disciplinario. Cuando en la escuela, en tanto organización social, los alumnos conciben propósitos definidos de estudio, bajo la dirección y la orientación hábil y delicada de profesores competentes, y son guiados hacia la realización de trabajos interesantes y de tareas que conducen al fin deseado, asumen espontáneamente una actitud de orden y disciplina. Es la disciplina interior, engendrada por el trabajo consciente, con propósitos definidos, en un ambiente de comprensión, simpatía, cooperación y sana diligencia.
La escuela tiende a formar el carácter, es decir, a enseñar al hombre a disciplinarse. Pero la disciplina no es solamente finalidad de la escuela, sino también un medio, como momento mismo de la obra educativa. La escuela, de suyo, tiene necesidad de disciplina. En el período en que el alumno no se sabe gobernar por sí mismo, el ambiente debe ayudarlo, o mejor aún, debe actuar por él, proporcionándole el modo para obtener el equilibrio de sus fuerzas que todavía no sabe mantener por sí. Por tanto, el alumno deberá encontrar en la escuela el equilibrio estable de gobierno que todavía no posee por entero y que es la condición sine qua non para un desarrollo tranquilo y firme de sus capacidades.
Si, además, la escuela es el ambiente propicio para el desarrollo de la personalidad del alumno, se ha de tener presente que el primer elemento de tal ambiente es la presencia del educador, que es el que guía el desarrollo del educando. Lo cual no puede realizarse si no se advierte a cada instante en el profesor a la persona que es capaz de neutralizar los desórdenes y las interferencias de instintos y tendencias, y que puede y debe equilibrar las facultades del alumno.
De lo expuesto no debe afirmarse que la disciplina se identifique con la acción negativa y constrictiva ejercida por el educador con una serie de negativas opuestas al alumno. Indudablemente, la disciplina puede presentar, en algunas formas y en algunos momentos, los caracteres de una acción negativa y represiva; pero en su esencia consiste en una función unificadora y equilibradora. En efecto, la disciplina es la acción por la que las experiencias fragmentarias e incluso contradictorias del educando son concretamente orientadas, en una línea unitaria y según un principio constante. De ahí que la dignidad de la personalidad humana y los valores morales de que se halla constituida deben ser la norma suprema que guíe la actividad desplegada por el educador. Por tanto, no se trata de una norma impuesta por el educador al alumno y sufrida por éste en forma pasiva, sino de una norma que gobierne al profesor y alumno y dirija y unifique el obrar de ambos. En el maestro esta norma es consciente y libremente querida; en el escolar pequeño no; pero, precisamente por esto, la norma se traduce en disciplina, esperándose en el mandato con el que el educador indica en cada caso el mejor modo de obrar según la norma. En los comienzos, el educando lo ejecuta sin conciencia clara de la ligazón entre el mandato particular y la norma; pero, poco a poco, ejecutando los mandatos, el alumno empezará a entrever, a sentir y, por consiguiente, a querer la norma que los inspira, de la que sólo entonces adquirirá conciencia: éste es el momento en que la disciplina se transforma en autodisciplina.
CONDICIONES FUNDAMENTALES DE LA DISCIPLINA
El problema de la disciplina atañe, de hecho, a la esencia del hombre, y de ella acaso resulten actitudes fundamentales con relación al comportamiento social e individual, ya que implica una filosofía de la vida.
En síntesis, podrían reducirse a cinco las condiciones básicas de la disciplina:
Primera: Respeto al alumno. Sin considerar al alumno como persona que merece todo respeto no puede haber disciplina adecuada en la tarea educativa. El escolar no puede ser mirado como un simple número ahogado o sometido a la forma de comportamiento que subjetivamente le queramos imponer. El alumno debe ser respetado en sus prerrogativas personales, asistido con atención y orientado a actuar responsablemente.
Segunda: Esclarecimiento y persuasión. Hay que esclarecer y persuadir al alumno de que toda comunidad precisa de normas que alcancen a todos, a fin de garantizar el orden y la supervivencia en sí misma, así como para que existan las condiciones de respeto y justicia que permitan una vida comunitaria. En consecuencia, de la manera como se desenvuelva la vida dentro de la escuela van a surgir las raíces del tipo de comportamiento cuyo descubrimiento también favorece la disciplina.
Tercera: Escuchar las razones del alumno. El alumno debe ser escuchado acerca de sus dificultades escolares y personales, para que la escuela pueda, poco a poco, ajustarse mejor a los fines que se propone. Se requiere modestia y humildad por parte de los educadores y de la escuela como conjunto para adaptarse, realmente, más a sus discípulos. Esto no debe confundirse con un mero ofender la voluntad del alumno, sino que indica una reflexión de sus problemas humanos para intentar darles una solución.
Cuarta: Atender las razones de la escuela. También la escuela, como comunidad, tiene sus exigencias mínimas sobre sus miembros, para que la vida en común sea posible. Se hace necesario, pues, coordinar las razones del alumno con las de la institución escolar, dado que ésta existe para todos los alumnos y no para uno en particular.
Quinta: Realización y participación. Las actividades escolares deben ser orientadas en el sentido de la realización y participación. A través de la realización, el alumno pasa a ocuparse de alguna cosa; a través de la participación, se siente corresponsable, junto con los compañeros y el profesor, empeñados todos en una tarea común. El profesor, procediendo así, puede insinuarse frente a sus alumnos como un auténtico líder, formado y sustentado espontáneamente por su autoridad. Esta participación implica que las normas disciplinarias sean elaboradas conjuntamente por educadores y alumnos de cursos superiores.
TIPOS DE DISCIPLINA
Puede afirmarse que hay dos tipos de disciplina: la exterior y la interior.
Disciplina exterior
Es la que apela a la coacción, a la violencia y a las amenazas. Se trata de una disciplina artificial, de mero conformismo exterior a las normas y reglamentos y a las exigencias más o menos arbitrarias de los profesores.
Disciplina interior
Es la que fluye normalmente en un ambiente sano de comprensión y de buenas relaciones entre profesores y alumnos, así como de actividades y trabajos escolares interesantes y asociados vitalmente con objetivos valiosos y significativos para los alumnos. Resulta, pues, de la modificación del comportamiento, de la comprensión y conciencia de lo que cada uno debe hacer. Es fruto de la persuasión y de la adecuada orientación al alumno.
NORMAS DISCIPLINARIAS DE UTILIDAD
A continuación indico una serie de normas disciplinarias que pueden contribuir al mantenimiento de la disciplina necesaria para que los trabajos escolares se desenvuelvan con normalidad, y para que se forme el ambiente de seriedad, naturalidad y confianza necesario en cualquier clase. Hay que aclarar, no obstante, que estas normas son simples indicaciones, ya que los casos concretos —siempre originales— requieren constantes esfuerzos de comprensión y adaptación para que su acción se ajuste a la realidad que debe enfrentar.
Las normas o consejos que considero útiles para el profesor son los siguientes:
• Procurar ver a los alumnos como criaturas humanas—como personas— que necesitan ayuda y orientación, precisamente porque no están educados.
• Planear los trabajos de modo objetivo, adecuado y fun¬cional y no confiar demasiado en la improvisación.
• Mantener ocupados a los alumnos, pues nada provoca tanta indisciplina como el hecho de no tener nada que hacer.
• Evitar privilegios de clase. Estos desjerarquizan al profesor frente al resto del curso.
• Vigilar la clase en las pruebas o exámenes sin hacer alarde de una excesiva rigurosidad. Cuando se haya de actuar correctivamente, hacerlo con naturalidad, seguridad y serenidad.
• Estar al tanto de los problemas particulares de los alumnos, a fin de poder auxiliarlos u orientarlos cuando sea necesario.
• Aproximarse a los escolares en forma amigable tanto dentro como fuera de la clase.
• Respetar la manera de ser de cada alumno, encaminándolo, cuando se da el caso, hacia formas de aceptación social o valores morales.
• Ser firmes en las amonestaciones, cuando sea necesario hacerlas, pero que nunca trasciendan la línea del amor propio y sean, en lo posible, aplicadas en privado.
• Distribuir los trabajos de acuerdo con las preferencias, posibilidades y habilidades de los alumnos.
• Mantener un ambiente amable y alegre en las clases.
• Ser coherente, y no intentar justificar alguna incoherencia, para lo cual lo mejor es reconocerla y, honestamente, explicarla.
• Mantener y cumplir la sanción aplicada, a no ser que haya un grave error del profesor que justifique su cambio de actitud.
• Utilizar el castigo como llamamiento a la reflexión, explicando clara y explícitamente el porqué de la corrección.
• Evitar proferir amenazas que luego no se puedan cumplir por el desprestigio magistral que ello implica.
• No actuar en momentos de descontrol o ira.
• Localizar a los líderes del grupo y lograr que colaboren en la disciplina de la clase.
• Estimular más que echar en cara.
• Reconocer lo bueno que hagan los alumnos, sin caer en la exageración o en formas que parezcan o sean insinceras.
• Atender las diferencias individuales, tanto en los trabajos escolares como en las relaciones personales de los alumnos.
• Dar algo a los alumnos, y no sólo pedirles o exigirles cosas, de modo que una palabra oportuna, un gesto de asentimiento, una charla orientadora, logren un mayor acercamiento del profesor a ellos.
• Evitar las actitudes de burla y sarcasmo, ya que éstas alejan al profesor definitivamente del alumno.
• No sancionar a todo el grupo de escolares por la conducta de algunos.
• Ser sinceros y francos con los alumnos, debatiendo con ellos las formas de comportamiento tenidos como indeseables.
• No mandar nada que no sea estrictamente necesario.
• Comprender que la autoridad no se posee con el título o puesto, sino que se conquista mereciéndola.
BIBLIOGRAFÍA:
BERNARDO CARRASCO, J. (1980): Bases de la disciplina escolar, «Rey. Tertulia», Fomento de Centros de Enseñanza, núm. 40.
MArroS, L. A. (1974): Compendio de Didáctica General. Kapelusz, Buenos Aires.
SCIACCA, M. F. (1962): El problema de la educación, cap. VIII. Luis Miracle, Barcelona.