jueves, octubre 19, 2006

DE QUÉ HABLAR CON EL PROFESOR DE MI HIJO

La elección del colegio, después del nacimiento de los hijos, es una de las decisiones más serías que han de afrontar los padres. Una vez tomada la decisión, en los primeros años de escolaridad la presencia participativa de los padres en la escuela se manifiesta en la frecuencia con que acuden a las reuniones a las que son convocados por el centro.
Las estadísticas manifiestan que el vínculo positivo que se genera entre escuela y padres de familia da como resultado una mejora en los objetivos centrales de la educación: formación íntegra de la persona y, como aspectos concretos, el rendimiento académico, el comportamiento, la asistencia, y la identificación con la escuela.
Sin embargo nuestra sociedad, que marca tanto a la familia como a la escuela, está modelada por el pensamiento propio de nuestro tiempo: la concepción del hombre, el estilo de vida marcado por las típicas prisas de una sociedad competitiva, el afán de lograr objetivos simplemente cuantitativos, el logro de metas a cualquier precio, y la escasez de tiempo, van dejando en su camino un lamentable saldo: confundir “buena educación” con porcentaje de aprobados o suspensos en las evaluaciones. O que las entrevistas padres-profesores sólo se deben producir cuando haya problemas; o se reduzca, en el peor de los casos, a que los padres se quejen de los profesores y los profesores de los hijos.
Cuando la familia opta por un centro, está aceptando de hecho el centro en su totalidad: desde la idea de persona, expresada en el “Carácter propio del Centro” (o ideario) hasta la normativa de convivencia. Si vuestro hijo percibe que vosotros, en la práctica, no estáis de acuerdo con los valores que él recibe en las aulas, se le hace un doble mal: o bien, se convierte –sin saberlo, en un cínico o en una veleta porque no tiene jerarquía de valores con los que afrontar sus decisiones.
Comprender en profundidad que los padres son los primeros educadores, que la instrucción no agota la realidad escolar, y que lo que se recibe en las aulas va más allá del mero aprendizaje de datos, es fundamental para generar el interés y colaboración activa familia y la escuela. Es decir, la escuela -al ser elegida entre otras posibles- se siente corresponsable de la formación del hijo. Visto así, se comprende ahora que la educación es un proceso largo en el que el acompañamiento mutuo es la única manera de consolidar una verdadera educación.
Al parecer, las estadísticas demuestran que, conforme el niño va avanzando en su escolaridad, los padres se van distanciando del colegio porque éste deja de ser un punto de encuentro educativo. Para mantener la colaboración la escuela debe generar propuestas originales y suficientemente atractivas que integren a los padres y éstos participar de ellas.
La entrevista
La periodicidad de las entrevistas varía mucho en función de cada familia aunque un criterio aproximado podría ser verse a comienzo, mitad y final de curso.
Cuando el hijo es pequeño, un solo profesor tiene suficiente visión de conjunto pero al pasar a la Secundaria la labor del preceptor-profesor encargado resulta fundamental pues consiste en coordinar la tarea del equipo de profesores que intervienen en la educación de nuestro hijo.
No hace falta que haya ningún asunto preocupante para concertar una entrevista. Es más, cuando todo marcha bien es el momento ideal para hablar de temas verdaderamente importantes para su futuro: cómo mejorar los puntos fuertes, de los pasos para alcanzar el proyecto educativo que, como padres, hemos determinado, erradicar malos hábitos, etc. En definitiva es educar para la vida, y aquí sí que se alcanza la educación integral y se supera el umbral de la mera instrucción o adiestramiento.
Salvo cuestiones especialmente graves, en cuyo caso la entrevista será monográfica, es conveniente abordar un abanico amplio de temas: las asignaturas, las metas de carácter, la relación con los compañeros y amigos, el desarrollo de virtudes tales como el orden, sinceridad, laboriosidad, generosidad, etc.
Resultará conveniente que la entrevista esté preparada por ambas partes y que se mantenga una línea de continuidad entre todas las entrevistas. Para ello, se pueden tomar notas (tanto previa como posteriormente a la entrevista), aunque ello dependerá del número de temas tratados, los compromisos adquiridos y la memoria de cada uno.
Por parte de los padres no se debería acudir a la entrevista con la actitud pasiva de "a ver qué me cuentan". Marido y mujer deben pensar juntos qué posibles temas conviene abordar, en qué campos pedir consejo, contrastar con el preceptor si la percepción desde el colegio y la familia coinciden y, en caso de divergencia, en qué y por qué discrepan. Cuando los padres estén interesados en algunos datos concretos, vale la pena que avisen previamente al preceptor para que éste pueda recabar la información necesaria y así preparar aún mejor la entrevista.
Si los padres advirtieran que el preceptor contesta con frases genéricas, ambiguas o lugares comunes, puede ser oportuno pedirle que consiga la información y nos informe con detalle en la siguiente conversación. Si el preceptor lo viera necesario ya os recomendará que habléis directamente con algún profesor.
Sugerencias prácticas: temas posibles
Escala de valores: o Adecuación entre los valores que se enseñan en el centro y los que sigue la familia.o Contexto y ambiente familiar.o Concepto de persona.
El alumno: o Personalidad y carácter.o Situación académica: comportamiento y trabajo en clase y en casa.o Habilidades sociales: relación con familia, compañeros y amigos.o Valores o virtudes que se desean promover.o Concretar algún detalle de servicio en la familia o con sus amigos.o Objetivos de mejora hasta la próxima entrevista.

lunes, septiembre 11, 2006

EL CHANTAJE DE HIJOS DE PADRES SEPARADOS CON LOS ESTUDIOS

Iré directamente al grano. No es la primera vez que al hablar con un padre separado llegamos a la conclusión de que su hijo o su hija se aprovechan de la situación familiar para beneficio propio.
El beneficio que generalmente se consigue, en relación con los estudios, es el de la comodidad. Entendiendo por comodidad, dejar de cumplir unas obligaciones respecto al estudio por ausencia de control y autocontrol.
Es frecuente que el hijo llegue a casa y no esté la madre, que como es muy lógico tiene que trabajar y entonces como también es muy lógico no sea capaz de ponerse a realizar tareas escolares.
Es frecuente que no quiera ir con los abuelos por las tardes, pues estos podrían controlar sus tareas y es molesto.
Es frecuente que se no se comporten igual con el padre que con la madre.
Es frecuente que se juegue con la verdad respecto a las notas con los padres…
Querido alumno, lo hemos hablado muchas veces, depende de ti el dar lo que te corresponde respecto a tu capacidad intelectual y digamos que personal.
A todos, pero en especial a vosotros que os aprovecháis de la situación de hijos de padres separados os digo lo siguiente:
- Haz el propósito de decir siempre la verdad cuando te pregunten tus padres sobre los estudios, no te excuses en argumentos de película sobre lo penoso de tu situación.
- Antes de ponerte a chatear con tus amistades, piensa en que lo que más te conviene es hacer los deberes. No te pongas la tele o la play antes de hacerlos.
- No es verdad que no único que le importa a tu madre ó a tu padre sobre ti sean los estudios, pero aún si fuera así, no seas... (Iba a decir tonto/a) y te quedes toda una tarde cabreado/a con tu situación sin cuidar de tu futuro. No olvides que al que más debería preocuparte el futuro es a ti.
- Haz un último propósito, muy difícil. Pon de acuerdo a tus padres en lo que se refiere a tu educación, no seas comodón/comodona y exige que vayan juntos a recoger las notas, a ver al tutor, ha ayudarte con tus tareas aunque sean el fin de semana que vas con tu padre...
En definitiva, tienes la oportunidad de hacerte fuerte si quieres. Tu situación no es la mejor, está claro, pero tampoco te abandones sin luchar por ser el/la mejor (PON TU NOMBRE) posible sobre la tierra de tu instituto.

sábado, septiembre 09, 2006

¿POR QUÉ ESTABAIS EN SEPTIEMBRE?

La semana pasada fue la de exámenes de recuperación. Tenía “querencia” a pasar por donde estaban los alumnos de mi clase (de la que fui tutor el año pasado). Allí estaban. La verdad es que algunos no tendrían que estar. No digo todos, pues algunos alumnos no alcanzan los objetivos del curso en junio, pero con un poco más y la ayuda de sus familias, los alcanzan en septiembre, son esos conocimientos mínimos de matemáticas, lengua e inglés tan necesarios para apuntalar los siguientes conocimientos.

Decía que algunos no tendrían que estar. Sí, lo digo por ti C., por ti N., por ti D., por ti D.. Durante el curso lo tenéis “tan fácil”. Familias en paz, sitio donde estudiar, salud, buena gente a vuestro lado… ¿por qué estabais en septiembre? Me voy a atrever a decíroslo.
- No tenéis un horario fijo de estudio.
- No aprovecháis las horas de clase.
- No apuntáis los pequeños deberes de cada día.
- Estudiáis el día ó la mañana antes del examen.
- No lleváis al día la plástica ó la tecnología.
- No tenéis una meta clara para el futuro.
- No os dejáis ayudar por vuestra familia…

Ahora sé lustras notas, todos pasáis “limpios” al próximo curso. Un solo deseo: que no tropecéis otra vez en la misma piedra.

jueves, septiembre 07, 2006

EL NUEVO CURSO Y LA TELEVISIÓN.

Ahora que empieza el curso escolar, me parece prudente escribir algo sobre el uso y disfrute de la televisión de los hijos y también la nuestra. La educación debe tener como protagonista a la familia, lugar de encuentro en el que transmitir los famosos valores a los hijos.

Pienso que estas pocas ideas pueden ser de utilidad. Algunas bien se que son costosas, pero os aseguro que familias que lo intentan ganan en tranquilidad. Es cuestión de no rendirse y esperar resultados a un mes vista.

Espero que no lean esto muchos de los alumnos que me conocen...


1. No tener la televisión en el lugar más importante de la casa, ayuda a que encenderla sea una decisión más libre.

2. Controlar el mando a distancia.

3. No tengas televisión en el cuarto de tus hijos si quieres tener auténtica vida familiar, si tienen es posible que notes que se distancian de esa vida de familia y del contacto con los demás. No es falta de confianza pero no todos los programas son convenientes.

4. Atrévete y no enciendas el televisor durante las comidas. Es un tiempo muy interesante para el diálogo. Cuesta trabajo al principio saber de qué hablar pero luego es genial.

5. Pon claros límites al tiempo para ver la televisión. Por ejemplo media hora o una hora al día, cada tanto. Expresa las normas en forma positiva. No digas: «no puedes poner la tele», sino «puedes tanto por día», o «mejor hagamos tal cosa ...».

6. Evita utilizar la TV como niñera. Que los niños participen en las tareas de la casa, como ser preparar la comida u ordenar. Que lo sientan como un juego útil. Dales la oportunidad de sentir que te ayudan.

7. Fija ciertos días de la semana como días sin tele y haz noches de concursos.

8. No utilices la televisión como instrumento de premio o castigo. Esto aumentaría aún más su poder.

9. Escucha tu música favorita o la radio en lugar de utilizar la tele como sonido de fondo.


10. No te asustes si tu hijo protesta: «estoy aburrido». El aburrimiento despierta la creatividad.

11. No permitas que la TV desplace lo importante: el diálogo, la creatividad, la lectura y la diversión.
12. Considera la posibilidad de ver mucha menos tele. Cuando te liberes, no vas a poder creer cuánto tiempo has perdido de creatividad, diversión y afectos. Pero el salto ya no tendrá retorno.

miércoles, septiembre 06, 2006

PARA MIS COMPAÑEROS DE LA ESO: DOCENCIA : ¿ARTE O CIENCIA?

DOCENCIA : ¿ARTE O CIENCIA?
1. Quisieras que tus alumnos fueran de determinada manera. Empieza tú por SER —por esforzarte en SER— así.
2. No saben nada, no obedecen, no tienen educación... Son frases que se oyen a menudo en la Sala de Profesores. Lo más adecuado sería terminarlas así: Es natural; para eso estoy yo aquí: para enseñarles mi asignatura, mis modales...
3. Una fórmula que no falla: Enfado sin control = Fracaso pedagógico.
4. Preguntas a un alumno y contesta mal. Entonces, irritado, dices: “Es intolerable; te lo he explicado mil veces”. Bueno, vamos a suponer que es verdad, que lo has explicado mil (!) veces. No te importe. Explícalo una vez más. Y no pierdas el tiempo enfadándote.
5. Cuando hagas tu plan de trabajo procura que el alumno haya de gastar en material lo menos posible.
6. Sé realista al proyectar. Ten en cuenta las limitaciones de los alumnos, del Centro, y las tuyas propias.
7. Al proponer ejercicios, ten en cuenta dos cosas: Las posibilidades que tengan los chicos de resolverlos y el tiempo que hayan de invertir.
8. Castigo colectivo, castigo contraproducente.
9. No digas nunca: “Voy a decirle al Director”. ¿Es que tú no tienes autoridad y competencia?
10. ¿Pero cómo quieres que los alumnos tengan responsabilidad a largo plazo? No les hables de Junio ni de los exámenes —por lo menos, no les hables demasiado de ello—, sino procura estimularles para que cumplan “hoy” y “ahora” su deber.
11. Si consideras desacertada alguna sugerencia o encargo de Dirección, tienes el deber de exponerlo para que se modifiquen.
12. Piensa que en el Centro hay más profesores que tú y más alumnos que los tuyos y más asignaturas que las tuyas y más problemas que los tuyos.
13. El profesor necesita tener, entre otras, dos cualidades fundamentales:
a) CAPACIDAD DE COMPRENSIÓN DEL ALUMNO
b) NERVIOS DE ACERO
14. El alumno no es un autómata: no puede “comprender” ni “obedecer” instantáneamente y a la velocidad que el profesor pretende a veces. Su tiempo de reacción es bastante irregular y, desde luego, distinto del que tiene el adulto.
15. No está de más acostumbrar a los alumnos a obedecer automáticamente en algunas cosas —si se da uno arte en ello, incluso les gusta y les divierte— p.e.: sentarse al entrar en clase o levantarse al terminar, o para salir del aula, o para preguntar...; pero, en lo demás, es conveniente que el alumno comprenda por qué se le pide aquello y cuánto le conviene hacerlo.
16. Síntomas inequívocos de que el profesor antepone su comodidad al interés por el alumno son los siguientes: el grito estentóreo, la expulsión del alumno de clase, el mandar un castigo para casa, el enviar al chico al Jefe de Estudios o al Director sin que medie una causa suficiente, etc.
17. Antes de adoptar en clase una actitud violenta conviene reflexionar. Y después, no adoptarla.
18. La mayoría de las veces será más eficaz una salida de humor —cuidando que no humille al interesado o interesados— para zanjar un problema de disciplina en que el profesor haya de intervenir, que un “sermón” en regla.
19. Los alumnos no pueden mantener la atención tensa durante mucho rato. Conviene ayudarles a relajarla tres o cuatro veces a lo largo de la clase: un chiste oportuno, algún ejemplo muy concreto que pueda divertirles, un simple desentenderse un poco de la clase para que puedan moverse y hablar algo mientras copian algo de la pizarra o repasan las notas tomadas o los ejercicios que acaban de realizar... puede ayudar mucho para aquél fin. Pero hay que saber centrar la atención en cuanto queramos.
20. Hay que extirpar de nuestras aulas, discreta pero firmemente; la “soplonería” y la mentira.
21. Los alumnos son personas. Hay que sentir por ellos un respeto profundo.
22. Si nos esforzamos por sonreír y ser amables con una visita que nos molesta, ¿por qué no hacer lo mismo con los alumnos en lugar de reaccionar ante ellos con una actitud que cuidaríamos mucho de evitar con una persona mayor? ¿No se da aquí, entre otras cosas, un abuso de autoridad?
23. Explicar una clase sin prepararla previamente, planteándose los problemas didácticos oportunos, es poner un gran porcentaje de posibilidades para que la clase sea ineficaz o contraproducente.
24. Si se piden a los alumnos los cuadernos, ejercicios; trabajos; etc. para revisarlos, hay que revisarlos efectivamente. Y demostrar a los chicos que se han revisado.
25. Si se acierta a distribuir bien el tiempo de las clases —explicación, ejercicios, diálogo, estudio, etc. — y se conserva ese orden bastante tiempo, se logrará gran eficacia con poco esfuerzo.
26. Es más eficaz decirle a alguno que se quede después de clase para hablar con nosotros y, entonces, hacerle a solas las reflexiones que creamos oportunas, que corregirle más o menos airadamente en público.
27. Hay que procurar que todos “vivan” la clase.
28. No esperes conseguir que tus alumnos hagan bien las cosas porque les hayas dicho una vez cómo han de hacerlas. Tendrás que insistir.
29. Plantéate el problema de cómo quieres que los chicos hagan su trabajo y qué tipo de material han de usar. Piénsalo detenidamente Toma una determinación. Dedica la primera clase del curso a explicárselo a tus alumnos. Vigila más de cerca los primeros días si siguen tus indicaciones. Y corrige lo que sea preciso corregir.
30. Procura aprenderte pronto los nombres de los alumnos y conoce sus caracteres, reacciones, ambiente, etc.
31. Cuida que tus alumnos se esmeren en la presentación de los trabajos que les encomiendas.
32. Si eres profesor de carácter literario, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos claridad de concepto y exactitud de expresión.
33. Si eres profesor de una asignatura de carácter científico, no dejes de exigirte y exigir a tus alumnos corrección ortográfica y esmero literario.
34. Cuando un alumno, en lugar de un ejercicio, te presenta un “churro” es absurdo e ineficaz que te enfades con él. A lo mejor — a lo peor— nadie le ha dicho antes cómo tenía que hacerlo.
35. El objeto de pedir a los chicos dibujos, problemas, etc. no es hacer colecciones, sino darles ocasión para aprender con más facilidad.36. No se trata de que al final del curso hayas recogido X cuadernos, mapas, etc., de cada alumno, sino d

martes, septiembre 05, 2006

IDEAS PARA GOBERNAR UNA CLASE

LA DIRECCIÓN DE UNA CLASE

La dirección consiste en la “supervisión y control sobre los alumnos con el propósito de crear y mantener una atmósfera sana y propicia a la atención y al trabajo mental intensivo, desarrollando en los alumnos hábitos fundamentales de orden, disciplina y trabajo, inculcándoles sentido de responsabilidad”

Objetivos que se pretenden:

Inmediatos:
1.- Asegurar el orden y la disciplina necesarios para poder realizar adecuadamente el trabajo del aula.
2.- Garantizar un mejor aprovechamiento del tiempo gracias al orden y disciplina.
3.- Conseguir las condiciones materiales necesarias para que la atención y el estudio sean eficaces.

Mediatos:
1.- Adquirir sentido de responsabilidad que lleven a los alumnos a cumplir sus responsabilidades.
2.- Fomentar actitudes de sociabilidad, respeto y colaboración.
3.- Inculcar el amor al trabajo.
4.- Actuar con honestidad, veracidad, lealtad y delicadeza.


Formas que se puede adoptar en la dirección de la clase:

· Forma correctiva: cuando el profesor tiene una actitud permanente de castigar las faltas cometidas, castigar mediante amenazas, expulsiones de clase, calificar con ceros. Esta forma suele ser antipedagógica.
· Forma preventiva: anticiparse a las posibles infracciones, esto supone tener prevista la casuística con el objeto de tener regulada la vida del colegio. Esta forma a veces no desarrolla el sentido de responsabilidad del alumno.
· Forma educativa: formar a los alumnos para el autogobierno y la autodisciplina consciente en su trabajo. De esta forma el profesor es educador, líder que conduce a los alumnos por la vía de la comprensión, persuasión, buenos hábitos. El orden y la disciplina se vuelven conscientes, originando responsabilidades conjuntas entre alumno y profesor.

Normas para la dirección de la clase:
· Desarrollar la clase con seguridad y firmeza.
· Tratar a los alumnos con respeto, consideración y amistad.
· Resolver las dudas en el menor tiempo posible.
· Criticar o amonestar a algún alumno, cuando sea necesario, siempre en privado.
· Aceptar indicaciones de los alumnos cuando sean razonables, o discutirlas en caso de ser improcedente.
· Aclarar y repetir varias veces lo que se desea de los alumnos.
· Evitar las ironías con los alumnos.
· Dar instrucciones precisas y explícitas sobre lo que se desea que el alumno ejecute en clase.
· Establecer un criterio de trabajo en clase: recogida de deberes, corrección de los mismos, orden a seguir en las actividades a realizar.
· Tener siempre ocupados a los alumnos. El profesor debe desde el principio trabajar con todos los alumnos, ocupando la atención de todos dándoles tareas definidas e inmediatas. Después atender a los problemas individuales. Fomentar la participación activa de la clase en la corrección de los deberes en la pizarra y no de unos cuantos aislados.

El profesor debe evitar:
· Demorar el comienzo o terminación de la clase.
· Descontrolase delante de los alumnos.
· Atrasar la devolución de deberes o la indicación de las calificaciones.
· Actuar con precipitación.
· Abordar, delante de todos, asuntos privados con algún alumno.
· Criticar el trabajo de otros profesores.




Del libro “Técnicas y recursos para el desarrollo de las clases”
Capítulo VII - Autor: José Bernardo Carrasco – Edit. Rialp

lunes, septiembre 04, 2006

DISCIPLINA EN LOS COLEGIOS

CONCEPTO DE DISCIPLINA
En educación, la línea de trabajo más fecunda y fructífera equidista de estos dos extremos: el despotismo del profesor o la anarquía de los alumnos. Tanto la arbitrariedad y la prepotencia como la insubordinación y la anarquía son perjudiciales para la auténtica educación.
Toda organización social, para sobrevivir y para progresar, necesita un adecuado régimen disciplinario. Cuando en la escuela, en tanto organización social, los alumnos conciben propósitos definidos de estudio, bajo la dirección y la orientación hábil y delicada de profesores competentes, y son guiados hacia la realización de trabajos interesantes y de tareas que conducen al fin deseado, asumen espontáneamente una actitud de orden y disciplina. Es la disciplina interior, engendrada por el trabajo consciente, con propósitos definidos, en un ambiente de comprensión, simpatía, cooperación y sana diligencia.
La escuela tiende a formar el carácter, es decir, a enseñar al hombre a disciplinarse. Pero la disciplina no es solamente finalidad de la escuela, sino también un medio, como momento mismo de la obra educativa. La escuela, de suyo, tiene necesidad de disciplina. En el período en que el alumno no se sabe gobernar por sí mismo, el ambiente debe ayudarlo, o mejor aún, debe actuar por él, proporcionándole el modo para obtener el equilibrio de sus fuerzas que todavía no sabe mantener por sí. Por tanto, el alumno deberá encontrar en la escuela el equilibrio estable de gobierno que todavía no posee por entero y que es la condición sine qua non para un desarrollo tranquilo y firme de sus capacidades.
Si, además, la escuela es el ambiente propicio para el desarrollo de la personalidad del alumno, se ha de tener presente que el primer elemento de tal ambiente es la presencia del educador, que es el que guía el desarrollo del educando. Lo cual no puede realizarse si no se advierte a cada instante en el profesor a la persona que es capaz de neutralizar los desórdenes y las interferencias de instintos y tendencias, y que puede y debe equilibrar las facultades del alumno.
De lo expuesto no debe afirmarse que la disciplina se identifique con la acción negativa y constrictiva ejercida por el educador con una serie de negativas opuestas al alumno. Indudablemente, la disciplina puede presentar, en algunas formas y en algunos momentos, los caracteres de una acción negativa y represiva; pero en su esencia consiste en una función unificadora y equilibradora. En efecto, la disciplina es la acción por la que las experiencias fragmentarias e incluso contradictorias del educando son concretamente orientadas, en una línea unitaria y según un principio constante. De ahí que la dignidad de la personalidad humana y los valores morales de que se halla constituida deben ser la norma suprema que guíe la actividad desplegada por el educador. Por tanto, no se trata de una norma impuesta por el educador al alumno y sufrida por éste en forma pasiva, sino de una norma que gobierne al profesor y alumno y dirija y unifique el obrar de ambos. En el maestro esta norma es consciente y libremente querida; en el escolar pequeño no; pero, precisamente por esto, la norma se traduce en disciplina, esperándose en el mandato con el que el educador indica en cada caso el mejor modo de obrar según la norma. En los comienzos, el educando lo ejecuta sin conciencia clara de la ligazón entre el mandato particular y la norma; pero, poco a poco, ejecutando los mandatos, el alumno empezará a entrever, a sentir y, por consiguiente, a querer la norma que los inspira, de la que sólo entonces adquirirá conciencia: éste es el momento en que la disciplina se transforma en autodisciplina.
CONDICIONES FUNDAMENTALES DE LA DISCIPLINA
El problema de la disciplina atañe, de hecho, a la esencia del hombre, y de ella acaso resulten actitudes fundamentales con relación al comportamiento social e individual, ya que implica una filosofía de la vida.
En síntesis, podrían reducirse a cinco las condiciones básicas de la disciplina:
Primera: Respeto al alumno. Sin considerar al alumno como persona que merece todo respeto no puede haber disciplina adecuada en la tarea educativa. El escolar no puede ser mirado como un simple número ahogado o sometido a la forma de comportamiento que subjetivamente le queramos imponer. El alumno debe ser respetado en sus prerrogativas personales, asistido con atención y orientado a actuar responsablemente.
Segunda: Esclarecimiento y persuasión. Hay que esclarecer y persuadir al alumno de que toda comunidad precisa de normas que alcancen a todos, a fin de garantizar el orden y la supervivencia en sí misma, así como para que existan las condiciones de respeto y justicia que permitan una vida comunitaria. En consecuencia, de la manera como se desenvuelva la vida dentro de la escuela van a surgir las raíces del tipo de comportamiento cuyo descubrimiento también favorece la disciplina.
Tercera: Escuchar las razones del alumno. El alumno debe ser escuchado acerca de sus dificultades escolares y personales, para que la escuela pueda, poco a poco, ajustarse mejor a los fines que se propone. Se requiere modestia y humildad por parte de los educadores y de la escuela como conjunto para adaptarse, realmente, más a sus discípulos. Esto no debe confundirse con un mero ofender la voluntad del alumno, sino que indica una reflexión de sus problemas humanos para intentar darles una solución.
Cuarta: Atender las razones de la escuela. También la escuela, como comunidad, tiene sus exigencias mínimas sobre sus miembros, para que la vida en común sea posible. Se hace necesario, pues, coordinar las razones del alumno con las de la institución escolar, dado que ésta existe para todos los alumnos y no para uno en particular.
Quinta: Realización y participación. Las actividades escolares deben ser orientadas en el sentido de la realización y participación. A través de la realización, el alumno pasa a ocuparse de alguna cosa; a través de la participación, se siente corresponsable, junto con los compañeros y el profesor, empeñados todos en una tarea común. El profesor, procediendo así, puede insinuarse frente a sus alumnos como un auténtico líder, formado y sustentado espontáneamente por su autoridad. Esta participación implica que las normas disciplinarias sean elaboradas conjuntamente por educadores y alumnos de cursos superiores.
TIPOS DE DISCIPLINA
Puede afirmarse que hay dos tipos de disciplina: la exterior y la interior.
Disciplina exterior
Es la que apela a la coacción, a la violencia y a las amenazas. Se trata de una disciplina artificial, de mero conformismo exterior a las normas y reglamentos y a las exigencias más o menos arbitrarias de los profesores.
Disciplina interior
Es la que fluye normalmente en un ambiente sano de comprensión y de buenas relaciones entre profesores y alumnos, así como de actividades y trabajos escolares interesantes y asociados vitalmente con objetivos valiosos y significativos para los alumnos. Resulta, pues, de la modificación del comportamiento, de la comprensión y conciencia de lo que cada uno debe hacer. Es fruto de la persuasión y de la adecuada orientación al alumno.
NORMAS DISCIPLINARIAS DE UTILIDAD
A continuación indico una serie de normas disciplinarias que pueden contribuir al mantenimiento de la disciplina necesaria para que los trabajos escolares se desenvuelvan con normalidad, y para que se forme el ambiente de seriedad, naturalidad y confianza necesario en cualquier clase. Hay que aclarar, no obstante, que estas normas son simples indicaciones, ya que los casos concretos —siempre originales— requieren constantes esfuerzos de comprensión y adaptación para que su acción se ajuste a la realidad que debe enfrentar.
Las normas o consejos que considero útiles para el profesor son los siguientes:
• Procurar ver a los alumnos como criaturas humanas—como personas— que necesitan ayuda y orientación, precisamente porque no están educados.
• Planear los trabajos de modo objetivo, adecuado y fun¬cional y no confiar demasiado en la improvisación.
• Mantener ocupados a los alumnos, pues nada provoca tanta indisciplina como el hecho de no tener nada que hacer.
• Evitar privilegios de clase. Estos desjerarquizan al profesor frente al resto del curso.
• Vigilar la clase en las pruebas o exámenes sin hacer alarde de una excesiva rigurosidad. Cuando se haya de actuar correctivamente, hacerlo con naturalidad, seguridad y serenidad.
• Estar al tanto de los problemas particulares de los alumnos, a fin de poder auxiliarlos u orientarlos cuando sea necesario.
• Aproximarse a los escolares en forma amigable tanto dentro como fuera de la clase.
• Respetar la manera de ser de cada alumno, encaminándolo, cuando se da el caso, hacia formas de aceptación social o valores morales.
• Ser firmes en las amonestaciones, cuando sea necesario hacerlas, pero que nunca trasciendan la línea del amor propio y sean, en lo posible, aplicadas en privado.
• Distribuir los trabajos de acuerdo con las preferencias, posibilidades y habilidades de los alumnos.
• Mantener un ambiente amable y alegre en las clases.
• Ser coherente, y no intentar justificar alguna incoherencia, para lo cual lo mejor es reconocerla y, honestamente, explicarla.
• Mantener y cumplir la sanción aplicada, a no ser que haya un grave error del profesor que justifique su cambio de actitud.
• Utilizar el castigo como llamamiento a la reflexión, explicando clara y explícitamente el porqué de la corrección.
• Evitar proferir amenazas que luego no se puedan cumplir por el desprestigio magistral que ello implica.
• No actuar en momentos de descontrol o ira.
• Localizar a los líderes del grupo y lograr que colaboren en la disciplina de la clase.
• Estimular más que echar en cara.
• Reconocer lo bueno que hagan los alumnos, sin caer en la exageración o en formas que parezcan o sean insinceras.
• Atender las diferencias individuales, tanto en los trabajos escolares como en las relaciones personales de los alumnos.
• Dar algo a los alumnos, y no sólo pedirles o exigirles cosas, de modo que una palabra oportuna, un gesto de asentimiento, una charla orientadora, logren un mayor acercamiento del profesor a ellos.
• Evitar las actitudes de burla y sarcasmo, ya que éstas alejan al profesor definitivamente del alumno.
• No sancionar a todo el grupo de escolares por la conducta de algunos.
• Ser sinceros y francos con los alumnos, debatiendo con ellos las formas de comportamiento tenidos como indeseables.
• No mandar nada que no sea estrictamente necesario.
• Comprender que la autoridad no se posee con el título o puesto, sino que se conquista mereciéndola.
BIBLIOGRAFÍA:
BERNARDO CARRASCO, J. (1980): Bases de la disciplina escolar, «Rey. Tertulia», Fomento de Centros de Enseñanza, núm. 40.
MArroS, L. A. (1974): Compendio de Didáctica General. Kapelusz, Buenos Aires.
SCIACCA, M. F. (1962): El problema de la educación, cap. VIII. Luis Miracle, Barcelona.

jueves, marzo 30, 2006

MATRIMONIO PARA SIEMPRE: BUSCAR EL SEGUNDO LUGAR

Esta mañana me estaba esperando un alumno de los que tienen problemas en casa. –Al final se ha marchado-. Se refiere a su madre. Hace días que se me dijeron que Ismael estaba muy raro, que no hacia nada en clase ni traía los deberes y dejaba los exámenes en blanco. En cuanto pueda me paso por tu clase y hablo un rato con el chico…

A los pocos días un profesor de primaria con el que tengo mucha amistad me preguntó si sabía la clase de un tal Ismael. Le dije que unos días antes me habían hablado de el y le indiqué su clase, mientras le acompañaba me dijo que llevaba unos días sin poder hablar con los padres del hermano de Ismael, alumno suyo de 1º de primaria y que el crío le decía que no venía su madres y por eso no le firmaba la típica agenda escolar. Mi amigo pensaba que sería el niño que no quería enseñar la agenda con varias notas a sus padres.

No era así. La verdad es que su madre se había tomado unos días para pensar y sus hijos se habían quedado al cuidado de su padre. Hablé por fin con Ismael. Me dijo todo lo que pasaba y que lo del anuncio ese que el hijo hace de intermediario no había funcionado. Lo he intentado muchas veces pero no puedo cambiar la situación, soy un inutil...

-Al final de se marchado- …

Después de un rato de charla me dice que no hay un amor para toda la vida. Se notaba que en las discusiones de sus padres salían estas cosas. Yo si creo quie existen amores para toda la vida y te diré siete secretos de un amor para toda la vida:

1.- Busca siempre el segundo lugar.
2.- Sé generoso en tus halagos.
3.- En tiempos de crisis sed uno solo.
4.- Pasar mucho tiempo juntos.
5.- Creer siempre lo mejor del otro.
6.- Expresa tu amor con frecuencia y con creatividad.
7.- Hacer del matrimonio una prioridad.

martes, marzo 28, 2006

HABITOS DE ESTUDIO

Salgo del coche y escucho un “familiar” - hola psicólogo. Es un compañero de los que piensan que la orientación escolar en la secundaria no es más que un puesto de trabajo que se ha inventado la ley actual de educación. No me molesta ni siquiera el soniquete con que lo dice, se ha acostumbrado y lo dice sin maldad. Me acuerdo que la primera vez que lo dijo si me molestó. Estábamos en una junta de evaluación hace unos años: -¡hombre, también está aquí el psicólogo! Intenté explicarle sin éxito, que mi trabajo es orientar a los alumnos a los padres y a los profesores, que no pretendo psicoanalizar a nadie y que me gustaría ayudar sin molestar.

Por la tarde/noche hablé a los padres de alumnos de 3º y 4º de ESO. Poca asistencia para la preocupación que muestran las familias cuando se suspende.

Intentaré dar razones para que los hijos se den cuenta que tienen que estudiar.

¿Qué significa el estudio?
El estudio es una obligación de los alumnos por tres motivos:
Justicia con respecto a los padres, a ellos mismos y a la sociedad. Por tanto los padres, ellos mismos y la sociedad pueden exigir responsabilidades, quizá en este orden temporal.
Primero los padres inculcan estos valores en sus hijos. El trabajo bien hecho. Para poderlo exigir nos tenemos que exigir en primer lugar nosotros. Si deseamos que nuestros hijos respondan en algún aspecto concreto, debemos ser ejemplo. Yo empezaría por analizar cómo hago mi trabajo.
En segundo lugar la responsabilidad debe recaer en ellos mismos, con su futuro. Deben saber lo que se están jugando. Si sólo existe este motivo estamos ante un estudio egoísta.
La sociedad será la última en exigir responsabilidades. Al que pueda ser un genio no se le puede perdonar no serlo.

¿Cómo estudiar?
Una vez fijados los objetivos y por qué deben estudiar podemos dar el siguiente paso. El ser humano es cuerpo y alma y deberíamos empezar por atender las circunstancias materiales que ya sabemos. Lugar de estudio fijo. Ambiente de estudio. Silencio, tiempo de trabajo para toda la familia. No a la televisión. Podemos leer, escribir. Leer los libros que mandan a vuestros hijos da buenas conversaciones con ellos. No olvidemos que si queremos exigir, primeros debemos exigirnos nosotros. Nunca debe haber un motivo para levantarse fuera de los descansos lógicos ya prefijados, cada hora u hora y media.

Una vez cubierto lo externo, lugar, tiempo fijo de estudio, ambiente de trabajo podemos pasar a la parte mental. Deben cansarse de estudiar. Es algo agotador, requiere un esfuerzo intelectual y no debemos confundir hacer los deberes con estudiar. Hay que estudiar con tiempo y de igual forma falte un día o dos para el examen. No se olvida lo que estudio tres días antes.

¿Cómo conseguir hábitos de estudio?
Podemos dar una pequeña lista de hábitos de estudio:
Tengo una hora fija para estudiar y dejar de estudiar.
Comienzo por lo que más me cuesta.
Organizo mi trabajo semanalmente y sólo lo cambio ante los exámenes.
No me levando a no ser porque esté programado un descanso.
Tengo todo lo necesario en mi lugar de trabajo.
No me distraigo con música, televisión…
Soy capaz de pensar únicamente en lo que estoy haciendo.
Entro directamente en materia sin engañarme copiando cien veces los apuntes o esquemas que nunca estudiaré.

Los padres podemos ayudar en primer lugar teniendo en orden nuestra casa, no solo material, sino en cuanto a nuestras actividades familiares, salidas, horarios de descanso, de levantarse, sobre todo los fines de semana.

Alguno puede pensar que su hijo no tiene ni uno solo de estos hábitos, que es un pequeño desastre, pero no debe desanimarse. Para empezar hay que ir desde las cosas pequeñas. Quizá comenzar con el horario de la casa, al fin y al cabo es donde más podemos influir. Por la tarde, de una hora a otra determinada, no se pone la televisión, la radio. La hora de apagar las luces. Horarios de comidas. Visitas por la tarde que se pueden dejar para el fin de semana, etc.

Una vez ganada esta batalla le ponemos así a trabajar. No tres horas diarias si prácticamente se dedicaba a hacer tareas del colegio durante media hora. Podemos pedirle al principio una hora e ir aumentando según sea consciente de que los resultados le piden más. Nosotros también nos exigiremos más, vamos a la vez que nuestro hijo. Nos sacrificamos por él y seguro que responde. A lo mejor hace años que no leemos un libro y lo intentamos. Quizá es el momento de empezar ese curso a distancia que queríamos hacer.

Cuando nuestro hijo vaya mejorando los resultados habrá sido una labor familiar. Será el momento de pasar a un segundo nivel, la responsabilidad personal. Ya nos queda poco para que se dé cuenta de que la sociedad invierte en él y debe sacar de sí mismo el máximo rendimiento posible. Debe pagar su deuda. El mayor nivel de responsabilidad llegará cuando piense en que Dios también le pide que haga las cosas bien. Hemos llegado al final de nuestro camino y tenemos un hijo con virtudes humanas suficientes donde puedan crecer las sobrenaturales.
TEST FAMILIAR
1. ¿Me doy cuenta de que los padres debemos dar ejemplo y exigirnos en primer lugar a nosotros mismos? Hay que desterrar la frase “yo ya lo tengo todo hecho”.

2. ¿Qué hago por las tardes o en el tiempo que estoy en casa? ¿Lo dedico a trabajar y respeto el tiempo de trabajo de la tarde?

3. ¿Cómo hago mi trabajo? ¿Soy ordenado y tengo hábitos buenos de trabajo?

4. ¿Me preocupo de actualizarme, de perfeccionar mi trabajo?

5. ¿Doy ejemplo a mi hijo con mi forma de trabajar?

6. ¿A la hora de trabajar bien, me mueven únicamente motivos personales como la búsqueda de un ascenso, la remuneración? ¿Por qué hago mi trabajo bien?

7. ¿Cuáles son mis defectos a la hora de trabajar? ¿Qué medios pongo para mejorarlos?

8. ¿Tengo un orden en mi casa, comidas, cenas, hora de dormir, levantarse, visitas familiares, ocio?

9. ¿Me preocupo realmente del estudio de mi hijo con visitas al PEC, preceptor, o sólo cuando llegan las notas?

10. ¿Hablo con mi hijo sobre con aspectos concretos de su estudio o sólo le exijo?

jueves, marzo 23, 2006

EXPULSIÓN DE CLASE

A las 9:05 estaba fuera de clase. Me mira y me parece que pide que alguien le recoja, tiene frío. Dile al profe que te vienes a mi despacho. Entra. Sale corriendo detrás de mí y se pone a mi altura. Lleva los cordones desatados como siempre y como siempre le digo que los ate y como siempre me dice que da igual por que se desatan, pero se agacha. Llegamos al despacho y le pongo a hacer algo, da igual el qué, lo que importa es que se sienta capaz de hacerlo. Todos hablaban pero como siempre me ha tocado a mi, me dice mientras escribe en un sobre el nombre de un profesor al que le dejaré un artículo interesante sobre "educar en la autodisciplina". Son las 10, vete a clase.

Como siempre me gustaría decirle a mi compañero de la primera hora, eso si, con mucho cariño y sin herir, que cada día debe ser diferente, que los alumnos no se acuerdan de lo que hicieron mal o bien el día anterior, que cinco minutos de un nuevo día son pocos para hacer salir a un alumno. Que tenemos que desconectar de nuestro trabajo para poder llegar al día siguiente pensando en estrenarlo. Todos tenemos experiencia de que las personas respondemos según las expectativas que se ponen en nosotros. Un cuaderno nuevo nos hace ser más delicados.
Han pasado las horas y no le he dicho nada a mi compañero de la primera hora. Hoy no he sido capaz de venir a trabajar con un cuaderno a estrenar.