miércoles, diciembre 31, 2014
EL MAESTRO DENTRO DEL AULA.
Muchas veces me pregunto al andar entre las aulas ¿que hace que unas clases estén más calmadas que otras? La respuesta siempre es la misma: ¿Quién esta dando la clase? Si les preguntas a esos profesores cómo lo hacen, la mayoría de las veces no saben que decirte.
Poco a poco en estos años que llevo de orientador en nuestra querida Secundaria Obligatoria he confeccionado una pequeña lista fruto de la observación y las conversaciones con esos compañeros que pocas veces tienen dificultades para mantener el silencio y que son capaces de lograr un ambiente de trabajo en el aula.
Obediencia a una normas y laboriosidad son dos ingredientes necesarios para lograr un ambiente de trabajo serio y exigente. ¿Pero cómo conseguir este clima de tranquilidad y exigencia dentro de clase? La experiencia nos enseña que sólo se logrará si los estudiantes más que tolerar las normas de clase, desean intensamente vivirlas, es decir, que quieran comportarse bien.
A menudo sucede que los alumnos tienden a traspasar los límites por un raro deseo de ir en contra o simplemente por llamar la atención de sus compañeros; pero en otras ocasiones la causa principal es que no han degustado las bondades de un ambiente donde el estudio y el aprendizaje son en sí muy
atrayentes.
Sin intentar ni de lejos sugerir una receta mágica, pienso que este ambiente se puede conseguir cuando se dan algunas condiciones que determinan un clima favorable:
• Esfuerzo personal del profesor por adquirir las virtudes que necesitan nuestros alumnos.
• Estar realmente entusiasmado de la materia que queremos que los alumnos aprendan. Este amor a
nuestro trabajo trasmite muchas ganas de aprender.
• Lograr que los alumnos experimenten la sensación de éxito. Para ello,
darles las técnicas y datos convenientes para su mejor aprendizaje.
• Querer verdaderamente a los alumnos. Un alumno que se siente apreciado y comprendido por sus profesores conecta con su profesor hasta el punto de querer aprender con más ganas.
• Tener la humildad de reconocer nuestros límites y el afán de aprender cada día más.
• Conocer a fondo las características psicológicas de quienes tenemos a nuestro cargo. Ello nos proporcionará planes concretos para ayudarlos convenientemente.
• Un mejor aprendizaje se conseguirá logrando antes los hábitos que son como reforzadores de la voluntad, pues el aprendizaje requiere de esfuerzo.
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