viernes, enero 02, 2015

EDUCAR EN Y DESDE LA LIBERTAD.


Para que funcione la libertad hace falta que funcione la responsabilidad personal.

 “Los alumnos deben reflexionar en torno al sentido moral de las normas que rigen en los colegios y sus casas, ya que al entender su utilidad, las aceptan haciéndolas suyas. De otro modo sólo obedecerán mientras se les vigile”

LIBERTAD
“Libertad es el poder de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello”.  Esta definición de libertad no plantea nunca problemas a la hora de aceptarla, pero si decimos que libertad es “elegir en cada momento lo que más me conviene como persona”, siempre empieza el lío padre, sobre todo si apuntillas que lo que me conviene no tiene nada que ver con lo que me apetece y lo que no me conviene tampoco tiene que ver con lo que no me agrada.

Formar en libertad a un hijo ó a un alumno supone atender a la siguiente tríada: Intelecto + voluntad +afectividad.

LA PRUDENCIA
La prudencia, elemento esencial para educar personas libres, consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. Si un hijo es capaz de ser prudente lo tenemos todo solucionado.

PARA LOS PADRES
Copio a continuación unas palabras de una entrevista:
“Es perfectamente comprensible y natural que los jóvenes y los mayores vean las cosas de modo distinto: ha ocurrido siempre. Lo sorprendente sería que un adolescente pensara de la misma manera que una persona madura. Todos hemos sentido movimientos de rebeldía hacia nuestros mayores, cuando comenzamos a formar con autonomía nuestro criterio; y todos también, al correr los años,
hemos comprendido que nuestros padres tenían razón en tantas cosas, que eran fruto de su experiencia y de su cariño. Por eso corresponde en primer término a los padres facilitar el entendimiento, con flexibilidad, con espíritu jovial, evitando con amor inteligente esos posibles conflictos.  La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a
administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre”.


Educar supone enseñarles a “quererse como son”. Para ser verdaderamente libre en la vida hay que conocer la verdad y una de las primeras verdades es conocernos, en muchas ocasiones confundimos cómo nos gustaría con la realidad. También ocurre a los padres y educadores, que tratamos a los hijos ó alumnos, confundimos  cómo me gustaría que con la realidad.

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